palabra. Que no es voz, sino eco. No es presente, sólo fue. Una palabra a tiempo, dormida entre dos segundos castellanos. Un sándwich de palabras: jamón y queso en la aérea luz de un quirófano. Que la palabra te dé aire, de menta, suave, donde huir la nariz. Cambio palabra por pálpebra. Fue por foi. Queso por queixo. Me despueblo. Me repueblo. Y la nariz escucha el silbo del viento entre las madejas de los árboles, los rojos y los verdes, de la avenida, por la que vienes, te acercas. Y me cruzas, y me deshojo y de la oscuridad salada un grito, desarraigo de berro, alza la voz. Y le canto al silencio mientras zapateo las tejas de la casa de los pianos. Y la superficie se levanta, y se va. Y me quedo allí. Sin piel. Con la palabra. Me mira y no sabe qué hacer.